Y.A.

— Mira mi amor, escucha esto que te compuse.

Melisa se derretía cada vez que Orlando le mostraba una canción nueva, y más cuando ésta iba dedicada para ella. Su novio era muy talentoso, sabía tocar todos los instrumentos de su banda de rock: guitarra, piano, batería, bajo, y además cantaba. Melisa lo apoyaba en todo, era su fan número uno, y cuando Orlando “se tiraba para que lo levantaran” —cuando decía, por ejemplo, que no era tan buen músico — ella le aseguraba que algún día llegaría a ser el rockero más conocido del país. Incluso bromeaba diciendo que la iba a dejar porque tendría groupies de a montón. Era un chiste, pero a veces le daba miedo que se convirtiera en realidad.

La canción le fascinó. Melisa le dio un abrazo y un beso.

— Mañana la voy a llevar al ensayo ¿quieres venir conmigo? — le dijo Orlando.

— ¿Puedo?

— ¡Claro! Es tu canción, y me gustaría que vieras cómo va mejorando cuando la toque con la banda.

— ¿Estás seguro? No quiero molestar. — Era la primera vez que se lo pedía, ella estaba feliz.

— No te preocupes —le dio un beso en la mejilla —eres mi novia y no incomodas a nadie.

Melisa lo abrazó con más fuerza. Además de ser un genio musical su novio era el hombre más lindo sobre la tierra.

— Prometo estar calladita. Nadie se dará cuenta de mi presencia. Vas a ver. Leer más

Papá

Lo vio al despertarse. Estaba tres filas más adelante. Aunque su padre había muerto pocos años atrás, aquel señor se le parecía tanto  que le dio miedo.

Se le hizo raro no haberlo visto anoche al subir al autobús. Supuso que como iba tan preocupada hablando por celular, no se había dado cuenta. Además, tampoco es de buena educación mirar fijamente a la gente que te acompañará en un viaje que dura toda la noche, sin embargo, a Berenice siempre le daban ganas de hacerlo, así se sentía más segura.

Ahora que el viaje estaba a punto de terminar, después de recorrer cientos de kilómetros, lo descubrió ahí sentado. No podía dejar de observarlo. Se movía exactamente igual que su padre: cuando estiraba el cuello para saber cuál era la razón por la que el autobús se había detenido; al jalarse la camisa, una y otra vez, como si esta le quedara chica, o le molestara una arruga en la espalda; al sacar algo de comer de una bolsa; al llevarse un pedazo de galleta a la boca; todo lo hacía tal y como ella lo recordaba. Leer más

One hit wonder

Lo descubrieron por causalidad. Un día estaban ensayando, tocaban tan compenetrados que se borraron las barreras de la realidad, y aparecieron en otra época: habían viajado en el tiempo.

Al principio se espantaron pero poco a poco fueron tomándole gusto: ver de primera mano lo que los demás estudiaban en libros de historia resultaba por lo menos entretenido. El único inconveniente era que ellos no podían decidir en dónde iban a aparecer la siguiente vez que se pusieran a tocar en serio, entregando el alma. Por lo tanto no podían regresar a casa. Ya llevaban tiempo vagando, y hasta ahora no le habían atinado a su época.

El grupo no se podía separar porque en solitario la magia no surtía efecto: o tocaban todos o el viaje no ocurría. Eran una máquina del tiempo, y cada uno era un engrane necesario para su funcionamiento. Lo que más les frustraba, además de no poder regresar, era no probar las mieles del éxito. Sabían que eran tan buenos hasta el punto de reorganizar la continuidad del espacio-tiempo, pero no había aplausos, fama, gritos, groupies, dinero, giras.

Fue al tecladista a quien se le ocurrió: si no iban a poder disfrutar de la fama, al menos imprimirían su huella en la historia de la música dejando sus canciones diseminadas por aquí y por allá.

En los sesenta se metieron a grabar a un estudio, y al terminar la canción, desaparecieron. Grabaron otra en los setenta. El ingeniero quedó estupefacto, pues en donde antes había una banda construyendo un hit, ahora no había nadie. Así hicieron lo mismo en los ochenta, en los noventa, en los dos mil.

No han vuelto a casa, pero al menos ahora sonríen cuando escuchan a la gente preguntarse “¿Qué habrá pasado con esa banda desconocida que sólo logró un éxito de radio? ¿Por qué en la historia de la música hay tantos grupos one hit wonder?” La banda que viaja en el tiempo sabe que no son muchos, solo uno. Ellos.

 

 

Celos

Aunque sabía que no era el primer hombre en su vida, guardaba la fantasía de serlo. Sin embargo, los comentarios de ella lo regresaban a la horrible realidad de ser uno más en una lista quizá demasiado larga:

— Pero no te vayas a orinar — le dijo ella cuando se quitaron la ropa para entrar juntos a la regadera — No sé por qué a toooodooos los hombres que he conocido les encanta hacerse pipí cuando se bañan ¿Por qué, eh?

Él sólo contestó levantando los hombros, pero la verdad tenía ganas de hacer realidad aquella famosa escena de la película Psicosis, y ver la sangre de su amada esposa irse por el desagüe.

 

 

 

Escama

En esa isla olvidada en medio del mar no pasaba nada. Salía el sol, se metía, aparecía la luna, desaparecía. Era un pueblo de pescadores. No les faltaba comida porque tenían el mar para ellos solos. Su única diversión era ver pasar los dragones volando. De día sus pieles reflejaban la luz del sol en mil colores. De noche llamaradas salían de sus bocas alumbrando de vez en vez el cielo poblado de estrellas. Era un espectáculo tan maravilloso, tan inasible, que la aldea en la isla se daba cuenta así de lo pequeña que era, de lo tan sin importancia de su existencia comparada con tal maravilla.

Ni siquiera soñaban con ser uno de esos jinetes de dragón cuyas armaduras brillaban igual que el animal fantástico que montaban. Imaginarse en esa situación, volando allá arriba, era demasiado para sus mentes simples. Y aun así, eran felices. Hasta que una escama cayó del cielo.

Al principio, la escama que brillaba a la luz del sol y de la luna era de todos, pero un día, el pescador que la había encontrado la reclamó como suya. Esa noche lo mataron, y la escama cambió de dueño. A ese lo mataron también. Así sucedió incontables veces: cada noche la escama tenía un nuevo propietario, cada mañana amanecía un muerto.

Poco a poco la aldea en la isla se fue despoblando. Hasta que quedó un solo dueño de la hermosa escama. Ese pensó que ahora nadie podría matarlo para obtener su tesoro, pero aun así, como les pasa a todos, con los años, se murió.

Los dragones todavía sobrevuelan la isla. Es un espectáculo maravilloso que ahora nadie ve. Los aldeanos tenían razón, la isla en medio del mar no era importante. Nunca un dragón ni un jinete, ha volteado hacia abajo para verla.

Dios

El muchacho tenía una historia en la cabeza, pero no sabía cómo escribirla. Era un cuento muy sencillo, del estilo “chico conoce chica”. Alguien le dijo que aunque fuera un relato simple, escribir era un asunto complicado, pues se trataba de construir el universo, el mundo en que los personajes van a vivir.

Así que compró un cuaderno grande en la papelería, y con letra muy pequeña, para que le alcanzaran las páginas, comenzó a escribir:

“En el principio hice los cielos y la tierra…”

 

 

Soltar

Lorena era todo lo contrario a Teto: ella se levantaba temprano, Teto, tarde; Lorena hacía yoga todos los días y era vegana, Teto no movía un dedo (bueno, de hecho si, pero sólo para tocar el bajo), y le encantaban los tacos de carnitas, barbacoa, cabrito y pastor; Lorena adoraba la naturaleza y los animales, y los defendía, Teto amaba el Distrito Federal, su caos, su desmadre, además, las ballenas y los pandas le daban igual, incluso los toros de lidia y la fiesta brava. Ni siquiera en las mascotas coincidían, Teto prefería los gatos, a quienes no es necesario hacerles caso. Lorena amaba los perros hasta la locura.

Eran muy distintos pero algo había pasado aquella vez que por azares del destino tuvieron sexo. Leer más

Vanidad

Al principio a la Muerte le había dado risa que la elevaran a nivel de Santa. Veía los altares y se burlaba, ella estaba más allá de todo eso. Pero como toda mujer, era vanidosa, y comenzaron a agradarle tantas atenciones, tantas flores, tantos rezos. Cuando todo comenzó, no le importaba quién la adorara, pero poco a poco fue basándose en eso para escoger a sus víctimas.

Al principio era fácil satisfacerla, pero conforme crecían sus feligreses, necesitaba más y más. Al poco tiempo ya nada era suficiente, y comenzó a llevarse a todo aquel que no la adorara con fervor.

Un día le dio tanta rabia que no todos le rindieran pleitesía (como ella creía merecer), que arrasó con la humanidad.

“Ahora sí me adorarán, los tengo en mi poder”, se dijo. Pero entonces, cosa rara, nadie le hacía caso.

Entonces se dio cuenta de su error: los seres humanos eran muy contradictorios y actuaban por conveniencia, solo la adoraban para que no los matara. A quien realmente amaban era a la Vida, no a ella, la vanidosa Muerte.

 

 

 

Huevos

— ¿Por qué usas ese vaso? ¿Que no sabes que tardará más de un siglo en deshacerse?

Levanté la vista del libro que estaba leyendo. Lo primero que vi fue el cuchillo que traía una. Los llaman carniceros, y pueden cortar una res en dos. Bueno, tal vez no tanto, pero degollarme sí. La otra también traía un cuchillo, mucho más chico, pero no por eso menos peligroso. Parecían hermanas gemelas, aunque después de un rato te dabas cuenta que una era ligeramente más grande que la otra, y luego se notaba que no eran parientes, es más, que no tenían ningún parecido, sólo que traían el pelo largo y lacio. Leer más