Puesta de sol

Pablo ayudó a Marcela a subir por la pendiente para que no se cayera. Aunque estaban muy cerca de la playa, el viento del mar había dejado de soplar, y el calor se sentía mucho más fuerte. La camiseta de Pablo estaba cada vez más sudada, y le preocupaba el olor de sus sobacos, pero por más que intentaba no podía mantener los brazos pegados al cuerpo. A Marcela no le importaba, de hecho ni siquiera se daba cuenta. Ella también sudaba a mares, y eso atraía a los mosquitos y moscas que tanto le disgustaban. En medio de tal  cantidad de nopales y arbustos salvajes, parecían estar en el desierto en vez de a unos metros de la costa. Alguien les había dicho que ese era el camino que debían seguir, una vereda que empezaba en la playa, subía por un monte y desembocaba en un lugar hermoso. Vieron a otros andando por la misma vereda, más adelante, pero los perdieron de vista. ¿Sería este el camino correcto? Pablo no quería decir lo que pensaba —que en realidad se sentía perdido entre tantos nopales— pues rompería el encanto de su primer día de vacaciones. Leer más

Beisbol

Ernesto había visto que los vendían en un crucero, ahí donde se hacía tráfico a las 8 de la mañana. Un muchacho pasaba por entre los coches con tres pequeños bates de beisbol: dos en la mano izquierda y uno en la derecha, el cual balanceaba con destreza. Se veían macizos.

Siempre pensó en ellos como un juguete. Como no tenía hijos, y sólo sobrinas, nunca se había atrevido a comprar uno. Le daban ganas porque de chico jugó beisbol con unos primos de Monterrey en unas vacaciones de verano. Pero se sentía ridículo comprando un bate. Además estos se veían más cortos, no los recordaba así. A menos que realmente tuvieran ese tamaño y ahora, al crecer, los viera tan pequeños. Leer más

Cigarro

La ves prender otro cigarro e inhalar el humo, y el deseo crece dentro de ti. Por la cantidad de cigarros que lleva mientras está aquí sentada contigo, imaginas que su boca apestará a cenicero. Eso te excita. Mueres por pasar tu lengua por esa otra lengua que debe saber a miles de cigarros. Leer más

Zorra (2)

(Segunda y última parte)

 

—¿Ya viste lo que pasó con Cometa? Lograron encontrar lo que les hacía falta: una buena canción. No deja de sonar en Reactor, seguramente el Imperial se va a poner hasta la madre ahora que toquen.

—¿Canción?¿Cuál canción?

Hacía tiempo que Yenia no escuchaba Reactor. Desde que se había salido Julio Martínez, el locutor que mejor le caía y que consideraba más inteligente, no la ponía. Así que no estaba al corriente de qué música estaban pasando.

Pues resulta que Cometa (eso le contó a grandes rasgos el Chamuco) había logrado colocar una canción dentro de la programación. Desde la primera vez que Rulo la puso en su programa los twits habían llovido de lo lindo. Los Cometa se habían convertido en famosos de la noche a la mañana. Yenia ya no escuchó qué más le decía el Chamuco. Estaba pensando en la canción que ahora programaban en el radio. ¿Sería la suya? Leer más

Zorra (1)

(Primera de dos partes)

El vocalista de Cometa, la banda nueva que tocaba ese viernes en el Imperial, era buenísimo. Se plantaba ante la audiencia y no había de otra mas que voltear a verlo, observar cada uno de sus movimientos. Era flaco, desgarbado. No era guapo pero atraía mucho a las mujeres. En los hombres causaba algo extraño, pues a veces parecía una niña larguirucha. Lo mejor de todo era que no tenía la más mínima pretensión de caerte bien. Pero Yenia no lo veía a él. Observaba al bajista. Esa era su presa de la noche. Leer más

Peluche

El curso pasado había sido un oso de peluche. Todos los niños de preescolar tres se lo querían llevar a su casa. Esa era la idea, que cada fin de semana un niño o niña distinta se llevara el juguete y lo cuidara como si fuera suyo.

El osito se llamaba Peluche. Era un nombre muy simple pero funcionaba, pues los niños preguntaban “¿y ahora quién se llevará a Peluche?”. Leer más

Escuela del Rock

P-i-n-ch-e-l-a-m-b-i-s-c-ó-n– le decía Ozzy a McCartney sin emitir ningún sonido, moviendo los labios exageradamente.

Macca estaba en el escritorio, en donde la maestra lo había puesto antes de salir a un pendiente en la dirección de la escuela. Siempre que lo hacía, le pedía al jefe de grupo (obviamente McCartney) que vigilara que todos los alumnos se estuvieran quietecitos. Ozzy estaba hasta allá atrás, con los pendencieros del salón, puro pinche vago: Niki Sixx y Keith. Los tres usaban sus pupitres de una manera muy extraña, se sentaban de una forma imposible, con la nalga al borde del asiento y la espalda recargada en el respaldo como si estuvieran acostados en una silla de playa. Muy distinto a otros alumnos, como por ejemplo David Byrne, que estaba derechito derechito en su asiento, como si la banca fuese un aparato de tortura en el que encontrara placer sentándose de esa manera. Leer más

Trenes

Miriam no entendía por qué habían escogido ese hotel. Había llegado tan cansada que no reparó en la calidad del lugar en el que se hospedarían, mucho menos en su ubicación. Lo que ella quería era dormir. Después de haber viajado tantos kilómetros por una carretera espantosa y de conocer a los papás de su recién estrenado marido, Rodrigo, estaba muerta de cansancio. Leer más

Asco infinito

Soy muy asquerosa, decía Perla cada vez que veía algo que le disgustaba mucho. Lo mismo mencionaba cuando, por ejemplo, alguno de sus novios le proponía que hiciera algo estando en la cama de un hotel de paso, desnudos. ¿Cómo que eres muy asquerosa? Y Perla hacía una mueca, frunciendo la boca de lado (se veía hermosa cuando hacía este gesto) y decía: es que me da asco. Leer más

Futbol

Antonio regresaba a su casa después de haber visitado el mercado. Su casa estaba en un lugar privilegiado, ni muy cerca del centro como para engentarse cuando el pueblo se llenaba de turistas domingueros, ni muy lejos como para no ir caminando. Estaba harto de usar el coche, una de las razones por las que rentaba esta casa, que él consideraba de campo; quería pasar el mayor tiempo posible en ella y olvidarse del tráfico, del caos de la ciudad. Leer más