La negrita

Y bueno, el cuento de la negrita sigue así: después de haber viajado tanto por todo el país, regresa a su costa amada pa’ seguir en el malecón gritando: ¡vendo pescado frito con limón!

Y si supieran las cosas que pudo ver, que no se parecían nada a los sueños de su niñez, la negrita no comprende de dónde fue que salió el cuento ese, que en otro lugar vives mejor.

Porque es muy fácil de pensar que hay que viajar para triunfar, que aquí no hay oportunidad, que en otro lado sí la habrá. Y aunque experiencia ella adquirió, nunca se pudo olvidar que su cadera al caminar lleva el ritmo de la mar.

Por eso un día nublado se regresó, y vio que acá en su puerto siempre calentaba el sol, y cuando alguien le pregunta de las cosas que aprendió contesta: que viajar a veces no es mejor; que quedarse al sol es lo mejor; que vende pescado con limón; que si lleva uno, lleve dos, porque al rato to’ ya se acabó; que ella prepara siempre el mejor; como éste no hay dos en el malecón.

“¡Ah! pero eso sí: duro al trabajo. No se vaya usté a dormir como dicen que pasó a mi amigo el camarón. O como al señor cangrejo, que por andar de crustáceo, se lo comieron al ajo. O como a este pescadito que tiene el ojito azul. Creo que viene de lejos y mire usted dónde fue a dar. Más le valdría regresar con sus pececitas güeras. Por eso a mí la corriente me ha regresado a mi hogar, porque un pez de agua salada en río no puede nadar.”

 

En estos días se cumplen veinte años de la salida del disco RE. Quiero celebrarlo con esta canción-cuento. La música y también la primera frase: “Y bueno el cuento de la negrita sigue así…” son de mi hermano Quique. Lo demás lo escribí yo.

Amigo

Llevaban más de un año separados, y, aunque Natalia le había hecho la vida imposible mientras estuvieron juntos, Bruno nunca dejó de extrañarla.

Se lo hizo saber a todo el mundo, amigos y familiares: no podía vivir sin ella, pero al mismo tiempo relataba las cosas malas que le había hecho. Así que la situación era muy extraña, con cada anécdota los cercanos a Bruno odiaban más y más a Natalia, mientras él aún deseaba estar con ella.

Un día sin que nadie lo supiera, se juntaron. Bruno y Natalia hablaron de una posible reconciliación, lo intentarían de nuevo. Arturo, su mejor amigo, sabía que esta mujer no le convenía, pero no había forma de hacerlo cambiar de parecer. Cuando Bruno le contó la posibilidad de volver, era tanto su entusiasmo, que parecía sufrir de amnesia: no recordaba que habían sido más los malos momentos en su relación, que los buenos.

Arturo lo meditó solo unos segundos, pero estaba decidido:

— Bruno, antes de que hagas cualquier cosa, creo que hay algo que deberías saber: mientras ustedes no estaban juntos, tuve un affaire con Natalia.

Arturo le contó cómo su ex le había hablado una noche, y cómo terminaron en la cama no solo una, sino varias veces. Que Natalia habló muy mal de él, y que no entendía cómo ahora podían pensar en regresar.

—Lo siento, soy tu amigo y te lo tenía que contar. Seguramente ella lo negará todo, pero te aseguro que es cierto. Perdóname.

 

Bruno no lo perdonó. Dejó de hablarle para siempre. Tampoco regresó con Natalia. Aunque Arturo estuvo triste, cumplió su cometido. Poco tiempo después, Bruno encontró a la mujer de su vida con quien vive feliz. Lo único que Arturo lamentó es haberle mentido para hacerle este favor, pero bueno ¿para qué están los amigos?

 

Casi

ChEMO y mEMO se la pasaban diciendo que la vida era una mierda y que preferían mejor morirse a estar siempre felices como todos los demás.

Un día el Destino quiso darles gusto. Un automóvil en sentido contrario a toda velocidad se llevó a ChEMO quien murió al instante. mEMO se salvó por un pelo, así que al otro día tiró toda su ropa negra y comenzó a sonreír hasta que le dolió la cara. No fuera a ser que el Destino quisiera venir a terminar lo que dejó inconcluso.

 

En sueños

—Qué extraño, siento como si en otra vida hubiéramos sido novios. —me dijo Ariadna, la secretaria de mi amigo Benito, cuando ya me estaba despidiendo.

— ¿En otra vida? ¿En serio? Qué raro —fue lo único que se me ocurrió contestar, y salí de la casa productora pensando en qué significaba eso ¿Me está tirando la onda? Claro, qué pendejo. Estaba tan desacostumbrado que ni siquiera me di cuenta del flirteo. Así que regresé, aunque ya llevaba varias cuadras de camino al metro (en esa época no llegaba a coche), y la invité a tomar algo cuando saliera de trabajar.

— ¿Cómo? Ah, ¿es por lo que te dije? ¡Uy! No me malinterpretes, pero solo sentí eso ¿estuvo mal que te lo dijera? ¡Perdón! Leer más

Deseo

Inexplicablemente, el hada se sentía atraída por el mosquito. Se avergonzaba de ese deseo que la hacía seguirlo a todos lados, observando cómo chupaba la sangre por aquí y por allá. ¿Cómo era posible —pensaba la hermosa hada— que me guste tanto este ser repugnante?

Siendo los dos del mismo tamaño, se imaginaba escenas inconfesables. Volaba muy cerca de él para llamar su atención, pero el insecto prefería alimentarse de los seres humanos que hacerle caso.

Sin embargo un día el mosquito volteó a verla. El hada movió sus alitas con excitación, “este es el momento”, pensó. El mosquito se acercó a donde ella lo esperaba volando sin desplazarse. La picó como ella tanto había deseado, y, por supuesto, succionó su sangre. El hada llegó al orgasmo al mismo tiempo que el mosquito la dejaba vacía, y cuando éste se dio cuenta de que no había más, que ya no podía alimentarse de ella, la dejó caer inerte al suelo.

El deseo del hada se había cumplido, aunque moría, no tenía duda de que este era el mejor momento de su vida. Para el mosquito no. El hada solo fue una víctima más de su insaciable sed.

 

Coreografías

Todos consideraban que los chicos guapos de la boy band del momento eran unos tontos, que tenían aire en el cerebro. Hasta ellos mismos lo pensaban. Pero cuando el más carismático de los cinco descubrió que la compañía disquera estaba planeando matarlos para vender más discos —un avionazo, sobredosis grupal, explosión en el escenario— su cerebro comenzó a trabajar como nunca.

Juntos resultaron ser unos genios, pues fueron desapareciendo a los directivos del sello, uno por uno, sin que nadie se diera cuenta.

Lo malo es que, aunque ya estuvieran a salvo, no podían parar. Ver correr la sangre resultó más divertido que hacer playback y bailar coreografías.

Perro

Todo era culpa del perro. Esteban no salía a la calle a jugar con los niños de la cuadra, porque el perro del vecino de enfrente le comenzaba a ladrar, mostrándole los dientes, logrando así que se cagara de miedo. Cuando llegaron a vivir a esa casa, su mamá insistía en que no se quedara viendo tele tanto tiempo. Sal a hacer amiguitos, le decía. Él se asomaba por la ventana y los veía allá afuera, jugando al bote pateado, a las traes, al gol-para. El perro era un compañero más de los niños que corrían de un lado para otro. Tenía ganas de salir a jugar pero no veía la manera de entablar amistad. Leer más

Indie

Caín y Abel llegaron al estudio con una canción nueva cada uno, tal como Dios, el productor de su primer disco, les había pedido. La de Caín era agresiva, machacona, con unas disonancias deliciosas que se te instalaban en el cerebro apenas las oías. Y Dios vio que era buena, pero cuando escuchó la balada con la que llegó Abel, se olvidó de todo y pasaron el día grabándola, haciendo a un lado la de Caín.

Al salir del estudio a altas horas de la noche, Caín tomó su guitarra y, como si fuera un mazo, le partió con ella la cabeza a su hermano.

Al otro día Dios le preguntó a Caín por Abel, y éste dijo: No lo sé ¿acaso es mi obligación cuidar de él?, capaz que se dio un pasón de tan feliz que estaba por haberte agradado con su baladita.

Dios sabía lo que había hecho, así que lo corrió del estudio y lo castigó diciéndole: JAMÁS DE LOS JAMASES, NINGUNA COMPAÑÍA DISQUERA TE VA A FIRMAR.

-Al cabo que ni quería -dijo Caín, dolido, antes de azotar la puerta.

Así nació el primer artista independiente de la historia.

Rockstar

Por fin iba a ver a Axis, el grupo del que todo el mundo hablaba. Yo traía la Datsun Guayín que mi santa madre me prestaba para ir a la escuela. No se enteraba que esa camionetita, además, era utilizada para otras cosas. Me gustaría decirles que la utilizaba como Hotel de Paso sobre ruedas, pero no. A los diecisiete años era yo muy nerd. Así que sólo utilizábamos la Guayín como Bar Ambulante, y transporte para ir a fiestas y conciertos de rock en Ciudad Satélite y anexas.

El Cuicacalli, en donde era el concierto, estaba muy cerca del circuito en donde vivían Ronald y la Betty, ahí por la Zona Azul, así que pasé por ellos. Estaba desesperado pues sentía que íbamos tarde. Leer más

Venganza

La pequeña Maru siempre se enfermaba cuando sus papás salían de viaje y la dejaban sola con su tía o sus abuelos. A veces le daba diarrea; otras una gripa muy extraña que venía acompañada de moquitos y tos, fiebre incluso, pero que desaparecía misteriosamente en el momento que sus padres entraban por la puerta cargados de maletas. Siempre le traían un regalo, varios incluso, pero a ella no le importaba, lo que más agradecía era tenerlos de vuelta.

Al cumplir los dieciocho años la pequeña Maru consumó su venganza como una maestra de la tortura: cada noche salía, vestida de riguroso negro, con los ojos embarrados de delineador, acompañada de amigas, pero sobre todo de amigos (esos inescrutables tipos tatuados), entonces eran sus papás los que se enfermaban.

A diferencia de Maru, ellos no se curaban cuando la veían entrar por la puerta, por que en vez de regalos, su pequeña traía siempre un piercing más.