Indie

Caín y Abel llegaron al estudio con una canción nueva cada uno, tal como Dios, el productor de su primer disco, les había pedido. La de Caín era agresiva, machacona, con unas disonancias deliciosas que se te instalaban en el cerebro apenas las oías. Y Dios vio que era buena, pero cuando escuchó la balada con la que llegó Abel, se olvidó de todo y pasaron el día grabándola, haciendo a un lado la de Caín.

Al salir del estudio a altas horas de la noche, Caín tomó su guitarra y, como si fuera un mazo, le partió con ella la cabeza a su hermano.

Al otro día Dios le preguntó a Caín por Abel, y éste dijo: No lo sé ¿acaso es mi obligación cuidar de él?, capaz que se dio un pasón de tan feliz que estaba por haberte agradado con su baladita.

Dios sabía lo que había hecho, así que lo corrió del estudio y lo castigó diciéndole: JAMÁS DE LOS JAMASES, NINGUNA COMPAÑÍA DISQUERA TE VA A FIRMAR.

-Al cabo que ni quería -dijo Caín, dolido, antes de azotar la puerta.

Así nació el primer artista independiente de la historia.