La droga

No sabía si ya me había hecho efecto, nunca calculaba el tiempo que tardaba en pegarme. Así que me recosté y cerré los ojos, esperando. Entonces me vi a mí mismo convertido en alguien más, matando a mi hermano y huyendo despavorido, convirtiéndome entonces en muchas personas, miles , golpeado por gentes con látigos en grandes carrozas.

Me vi siendo un pueblo escapando por el desierto, siguiendo una nube, siguiendo una llama de fuego. Me vi en un palacio rodeado por doncellas e inmediatamente después me encontré en una choza, acompañado sólo de animales.

Sentí entre mis piernas un camello, luego un burro, después un caballo cabalgando. Manejé una carroza por un sendero, luego un automóvil, y al final un avión, disparando al enemigo. Vi a lo lejos un hongo inmenso que me cegó y cuando pude ver de nuevo, tenía el vientre inmenso y los brazos flacos y débiles, giré mi cabeza con dificultad y vi que alguien me alimentaba con una cuchara llena de moscas.

El plan cósmico cambió, y me vi en un yate, tostándome al sol, y a mi lado una rubia que como único vestido usaba lentes oscuros, me sonreía. Me vi entonces en un púlpito dando un sermón frente a cientos de personas que me gritaban: ¡Sáname! ¡Sáname!

Y después estaba gordo, enfundado en un traje, detrás de un escritorio inmenso, viéndole las piernas a mi secret… sentí que alguien me tocaba el brazo y salté. Era Eva, que me hablaba y se reía.

—Regresa, regresa, ya llevas mucho tiempo —me dijo.

Entonces vi el verde de los árboles, el sol, los hermosos pechos desnudos de mi compañera, y en mi mano, la manzana recién mordida.

— Ya van varias veces que la pruebas y siempre pienso que no vas a regresar. ¿Tanto te gusta, Adán?

— Me encanta —le dije, mientras la abrazaba, caminando sin prisa, felices por los verdes senderos del Edén.

Publicado por primera vez en la revista Sub 2, subgéneros de subliteratura subterránea (1997).